Por qué he decidido documentarlo todo en público.

4 min

Escribir en público como método para pensar mejor, no como estrategia de marca.

Man in Cafe by Window

He decidido documentar en público cómo estoy cambiando mi forma de dirigir empresas.

No lo hago para construir una marca personal. Lo hago por una razón bastante más egoísta: escribir en público es la forma más barata que conozco de descubrir que estás equivocado.

Pensar en privado es demasiado fácil

En privado, una idea nunca está terminada del todo. Puedes tenerla a medias, saltarte el paso débil, y sentir que la entiendes.

Escribirla rompe eso. Al escribir hay que poner el paso que faltaba, y a veces resulta que no había paso. Solo había una intuición con buena presencia.

Escribirla para que la lea otro empresario lo rompe más. Porque ese lector no comparte tu contexto ni tu buena voluntad hacia tu propia idea. Si el argumento no se sostiene, se ve.

Escribir es una herramienta de pensamiento antes que un canal de comunicación. Ese es el motivo principal.

Un archivo de decisiones sirve para auditarte

El segundo motivo es más práctico.

Cuando una decisión sale bien, la memoria reescribe el pasado y te convierte en alguien que lo tenía claro. Cuando sale mal, la memoria encuentra circunstancias.

En ambos casos se aprende poco.

Un registro escrito no negocia. Dice qué sabías, qué opciones veías, qué esperabas y por qué elegiste. Cuando lo lees dos años después puedes hacer la única pregunta que importa de verdad: fue una buena decisión con la información que tenía, independientemente de cómo acabó.

Esa distinción entre buena decisión y buen resultado es probablemente lo más difícil de aprender dirigiendo. Sin registro es casi imposible.

Lo público obliga a un nivel de honestidad distinto

En privado puedes escribir que algo funcionó bien.

En público, si escribes que algo funcionó bien, alguien va a preguntar en qué se nota. Y si no lo puedes contestar, no funcionó bien: te lo pareció.

Ese filtro es incómodo y es exactamente lo que quiero.

También me obliga a algo más: a no hablar de lo que no he probado. Es fácil opinar sobre una tecnología que has leído. Es distinto escribir sobre ella sabiendo que te leen personas que sí la están usando en su empresa.

Los riesgos, que son reales

Voy a publicar errores, y los errores publicados no se borran.

Voy a cambiar de opinión en público, y a alguien le parecerá inconsistencia. Asumo el coste: para mí un cambio de opinión argumentado es la señal más fiable de que alguien está pensando de verdad.

Y hay un riesgo peor, que es el que más me preocupa: que documentar en público se convierta en producir contenido. Que un día no tenga nada que decir y escriba de todas formas, porque llevo dos semanas sin publicar y algo hay que poner.

Ese día empieza el humo.

La regla, entonces

Solo se publica lo que ayuda a un empresario a pensar mejor. Si no aporta criterio, no sale, aunque el calendario esté vacío.

Prefiero un archivo pequeño y honesto que uno grande y decorativo.

Publicar menos y publicar mejor no es una estrategia de contenidos. Es la única forma de que dentro de tres años esto siga valiendo algo.

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